"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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jueves, 6 de agosto de 2015

COSAS QUE NUNCA CAMBIAN

Hay cosas que nunca cambian, como el placer de estar sentado a la luz de la Tierra, mientras tomamos una copa de vino juguetón que a veces se derrama en el firmamento por inercia de su propia ingravidez, o como el bochorno de esos días de sol en que bajo la sombrilla jugamos una divertida partida de ajedrez y nos reímos de los peones voladores que nos hacen pensar en las batallas que sabemos que ocurren en aquel planeta siniestro de locos.
Sí, hay cosas que nunca cambian, como es el sentimiento de inquietud al leer una novela de terror mientras contemplamos cómo el cuchillo aún no ha alcanzado su reposo total después de haber cortado las hogazas de pan importado de la Tierra; o esos maravillosos sonidos que llegan desde el fondo de aquel agujero oscuro en el suelo, noche tras noche, como si desde las entrañas de este solitario planeta alguien nos gritara para decirnos que no estamos solos.

Hay cosas que nunca cambian, como ese duende que todas las noches me aborda los sueños más dulces para decirme que estamos equivocados y que posiblemente todo haya sido un error del tiempo, o de aquella gran convicción, nada infundada por supuesto, sobre la que hemos hecho nuestro gran viaje. Ese es el duende de siempre, él tampoco ha cambiado, y cuando me despierto, siempre lo despido con la misma frase con la cual se marcha quizá ofendido, y así le digo que, diga lo que diga, nadie nos quitará este horrible privilegio de ser de otro planeta. 

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