"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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miércoles, 4 de abril de 2012

OLVIDARLO TODO

José Antonio Nisa
Con su mirada transmitía más de lo que razonablemente él podía entender. Su flor en el pelo, su plumífero negro abierto por el que dejaba ver un acogedor jersey, una mirada atenta, penetrante. Le besaba con la mirada. Una mirada llena de admiración, de ternura y de intriga. Una mirada llena de deseo.
Él hablaba y se esmeraba en las explicaciones, y en el trato. No podía dejar de hablar. “¿Comprendes?”, dijo él, en un hito de entusiasmo. Pero ella dijo que hacía un rato que ya lo había entendido todo. Él quedó mudo por unos instantes, y miró hacia otro lado. Entonces, viendo ella que había quedado desarmado, le tomó la mano. Él volvió hacia ella una mirada temblorosa, pues no estaba acostumbrado a aquel lenguaje tan sensual. Entonces ella le apretó la mano, y se la besó. Tras lo cual dijo: “Continúa, por favor, me gusta escucharte.” Pero él ya lo había olvidado todo.

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