"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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lunes, 21 de mayo de 2012

INVERNADEROS

Los tomates hierven en los invernaderos, a la sombra de los negritos que exprimen su sudor bajo el plástico con olor a petróleo; y el técnico manipula el higrómetro, una humedad del ochenta por ciento, la temperatura de 42 grados, un dos por ciento más de azufre, tres cuartos de abono, ... y ¡paff! los tomates ya alcanzaron el hinchazón y el color suficientes.
Cuando el encargado de frutería del supermercado lo toca no sabe que está tocando la mano de Dios. Algo mágico: un tomate cibernético. Sin embargo le damos el primer mordisco y el tomate no llora. Los tomates cibernéticos no tienen sentimientos, porque no saben qué es sufrir el viento de levante o el revoloteo de la mosca blanca a su alrededor, ni ha aguantado los chaparrones de abril sobre su piel.
Los músculos de los gimnasios tampoco saben llorar, ni reír, ni se han columpiado en un andamio, ni han sufrido el desgarro ni la ira de sus dueños al comprobar su impotencia para domar los pesos furibundos de la naturaleza. Menos mal que en los gimnasios no hay negritos que chorreen el calor que provoca el técnico con sus experimentos.

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