"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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sábado, 8 de diciembre de 2012

MARCHA ATRÁS


Los vio juntos, al fondo, lejos de su alcance. Y no lo pudo soportar. Un dolor cautivado por la esperanza se liberó de repente de su vaina y salió a la luz desnudo, para atravesar su corazón por completo. Y entonces gritó su nombre, una y otra vez, enajenado, fuera de sí, una y otra vez, hasta perder el sentido. Y aquel grito contenía su nombre, el de ella, y ella lo vio desde el fondo, lejos de su alcance, pero supo que era él. Y él gritaba y su grito temblaba de miedo al vacío, temblaba de una pasión extraña e incalculable, temblaba entre el eco del silencio, y todos lo miraban perplejo pero ella comprendió que aquel grito era un grito de amor, de amor imposible, de amor roto y maniatado, sólo ella entendió que aquel grito era un grito de desesperación.
Y entonces ella descubrió por fin que él la amaba como nunca supo decírselo, y aun tarde, de pronto se soltó del brazo del otro hombre y corrió hacia él, sin importarle nada, ni el futuro, ni el pasado, ni los otros, sin importarle siquiera su propio orgullo. Y corrió hacia él, y cuando ya algunos la veían de regreso al pasado oscuro de su vida, ella gritó también su nombre, el de él. Y entonces todos se apartaron, porque entonces todos entendieron también que su grito temblaba de miedo al vacío, que su grito temblaba de una pasión extraña e incalculable, como tiemblan los amantes.

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