"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

AL JACKSON

(EN HOMENAJE A ESE ENTRAÑABLE PERSONAJE DE W.FAULKNER)


Las gotas del cielo gaseado caían invisibles. El ambiente era frío. A veces algunas vetas de sol atravesaban el cielo. Un cielo alto, silencioso, comedido, estático.
Tomó una copa de vino blanco, suave, afrutado, y se sentó frente aquel cielo blanquecino a leer las maravillas de Al Jackson. Era este un tipo tímido. Su vieja madre le sugirió que hiciera un curso para curarse de la timidez, pero aquella experiencia, lejos de conseguir su fin sólo consiguió despertarle el gusto por los cursos. Mientras, sus aletas de pez seguían brotando como una planta prodigiosa bajo sus pies, lo que no hizo más que aumentar su afición a buscar caimanes en su ciénaga. De vez en cuando encontraba uno, lo mataba con sus propias manos de hombre y salía del agua con la rapidez de la alegría y el entusiasmo de enseñárselo a su vieja madre. “Si seguimos así, pronto podremos volver a meter las ovejas en el agua”, dijo esta.
Al Jackson estaba loco. No hay duda.
Apuró la copa de vino, acabó las maravillosas aventuras del viejo Al Jackson, a quien por cierto jamás nadie había visto sin gabardina, y comenzó a saborear el cielo pálido de invierno.
Otra locura, como la de Al Jackson.

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