"Y cuando Dédalo, con toda su sabiduría e inteligencia, ufano de su gloriosa ciencia,
vio bajar el sol, descubrió su sombra, negra, aciaga, creciente, voluptuosa, y
entonces entendió que él también estaba allí."

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martes, 30 de agosto de 2011

UN DESPOTISMO POLÍTICO DEMASIADO SEVERO




Y estos tipos pasan de largo. Para no ir más lejos: este se va ya, dentro de tres meses, y lo olvidaremos y extrañaremos esa risa sardónica inocente y pánfila en otros ámbitos más serios que los gubernamentales, pero nosotros nos quedaremos aquí, jodidos, enteramente, hasta el punto de no saber a quién dirigir las iras y golpear el cristal en el desahogo: efectos colaterales.
Pero ¿es posible que estemos viviendo este despotismo político tan severo? Este individuo… Excúsenme los lectores que anteponen la corrección política a la crítica, pero llamo así al señor presidente del gobierno por una sencilla regla de correspondencia en el trato, no en el tratamiento. Este individuo, decía, quiere pasar a la historia. Será tal el complejo que tiene de incompetente que ha decidido pasar por encima de algunas cuestiones de orden regia, tal como esta: la Constitución. Y si hace unos años la Carta Magna era aquella caja de Pandora que nadie se atrevía a abrir por temor a difundir los males por nuestra piel de toro y alrededores, si entonces cualquier reforma se antojaba de una seriedad y un análisis concienzudo y laborioso, haciendo partícipe a la sociedad en conjunto, asumiendo el consenso entre los agentes sociales como garante de su éxito, hoy, en plena crisis política y económica, los partidos poderosos y triunfales, comandados por el individuo del talante y la tolerancia, del diálogo y la integración, en menos de diez días ponen el camino expedito para una reforma constitucional vía Pacto.
Pero es de tal calado la hipocresía de este gobierno, es tal la desfachatez con que se han despachado libremente ante la opinión pública, que no podemos sino dar arcadas cuando pensamos en ello. Podríamos hacer memoria, pero no, no la necesitamos, simplemente nos quedamos con lo ocurrido en la última semana. La primera: la rebaja en el IVA en la compra de vivienda. Fijémonos bien: si hace unos años nos animaban a alquilar y nos subvencionaban el alquiler de la vivienda, alegando que había que cambiar los hábitos en nuestra relación con la propiedad, llegando a eliminar de un plumazo la desgravación fiscal por inversión en vivienda habitual, ahora resulta que quieren de nuevo impulsar la compra de vivienda y para ello, el Estado se sacrifica y rebaja el IVA en esta transacción. El motivo bien podría ser que una gran parte del parque de viviendas en venta la poseen los bancos, pero bueno, es sólo una especulación sin más. Sigamos con lo más reciente. La segunda gran falsedad: “Preferimos un empleo temporal antes que un parado”, dijo Valeriano, siempre con su sarcástica forma de emplear el lenguaje. Corolario: Las medidas para el fomento de los contratos indefinidos, que no fueron pocas, sólo generaron más paro y por ende se asume que la contratación temporal es la forma natural de contratación. Cuando tanto se les llenaba la boca con lo del “empleo de calidad”, ahora reconocen que el contrato temporal es el “mal menor”. Otra vuelta de rosca en la serie de atrocidades que ha venido cometiendo sobre la clase obrera de este país este gobierno “socialista”, “progresista” y “liberal”. Y todos dicen lo mismo: la reducción de los costes laborales para la empresa revitalizará la economía y saldremos de la crisis. Es la gran mentira de principio: ninguna empresa quiebra porque le ha de pagar a los trabajadores un salario justo, ¿o es que acaso nuestro país no creció más que otros países de la eurozona en un tiempo en que los costes laborales eran mayores que en los demás países europeos? Pero ellos parten de ese principio y así justifican todo este embrollo en el que nos han metido, todo para alegrar las bolsas y originar buenos augurios para los inversores. La lucha de clases: ¿alguien pensó que aquello quedó enterrado en los libros de Historia? Es tan fácil entenderlo como pensar que si el empresario pudiera contratar legalmente a los trabajadores por la mitad de su sueldo, lo haría sin más, aun sabiendo que estos pasan hambre.
Pero volvamos a nuestro tema: un día, el individuo se levanta y dice “pues voy a cambiar la Constitución y voy a dar una lección a Merkel” y entonces aquella idea que alguien le sopló la ordena escribir y la presenta en los medios. Por su parte los bancos se frotan las manos: serán los primeros en cobrar, pase lo que pase, como siempre ha sido. Los mercados ven cómo la prima de riesgo baja estrepitosamente ante las expectativas de una mejora en las cuentas públicas españolas, los medios de comunicación ven con buenos ojos la medida porque evitará que se vuelvan a repetir barbaridades en algunos ayuntamientos o comunidades en las que se pidieron créditos indefinidos para colosales obras de relumbrón, la mayoría de ellas innecesarias y ya en desuso, otras, además, muertas antes de haber nacido, y, sin embargo, hay voces que no se dejan oír que dicen que esto es malo para el pueblo. Y bien, ¿es verdaderamente esto malo para el pueblo? Bien, pues lo primero que podemos decir es que nos encontramos ante un nuevo artículo de la Constitución Española que no dice casi nada, ya que deja todos los aspectos cualitativos y cuantitativos de la norma (límites, procedimiento y distribución de los límites del déficit, responsabilidad ante el incumplimiento) en manos de una futura Ley Orgánica que será la que verdaderamente regule este ámbito. Así pues, cabe la pregunta: ¿podría haberse emprendido estas reformas sin haber pisoteado y asaltado la Constitución Española como se ha hecho en realidad? Si después de todo será una Ley Orgánica la que regule el control del déficit, ¿qué necesidad había de hacer esta reforma como se ha hecho?
Y otra más: ¿Por qué no se emprendieron otras reformas constitucionales más necesarias para la sostenibilidad política de algunas instituciones, que reflejaran por ejemplo un pacto por la Educación, o un pacto Anticorrupción, o esta tan en boga reforma del sistema electoral? Quizá la respuesta se encuentre en la vanidad de la incompetencia, o en el hueco del ala de los bancos y los piratas que asolaron España.
Como en el fondo del ánfora, aquí y ahora parece que sólo queda la esperanza falaz, y con ella la necesidad de un grito, para que al menos la policía nos escuche.

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